Treinta años de rehabilitación con una meta: recuperar la autonomía
La celebración del Centro de Rehabilitación Psicosocial de Melo reunió experiencias y testimonios en CUCEL. La referente Selva Tabeira compartió un modelo que une capacitación, empleo cooperativo, vivienda e inclusión comunitaria.
La rehabilitación en salud mental puede ir mucho más allá de la atención clínica. Tener un trabajo, administrar los propios ingresos, vivir en una vivienda adecuada y recuperar los vínculos con la comunidad también forman parte del proceso. Esa fue una de las ideas centrales del conversatorio realizado en la sede de CUCEL, en el marco del Mes de la Salud Mental, donde se conmemoraron los 30 años del Centro de Rehabilitación Psicosocial de Melo.
La actividad, organizada con participación de la Red de Atención Primaria (RAP) de Cerro Largo, incluyó la presentación del equipo, usuarios y familiares del centro local, además de la participación de Selva Tabeira, auxiliar de enfermería reconocida por su trayectoria en rehabilitación psicosocial y reinserción comunitaria.
Su experiencia en el Hospital Vilardebó permitió conocer un camino en el que el trabajo se convirtió en una herramienta para reconstruir proyectos de vida. Allí impulsó talleres, promovió la formación de cooperativas y participó en la creación de alternativas habitacionales para personas que atravesaron largos períodos de internación.
“Lo que es el arte es tan importante a nivel de salud mental porque no solamente se desplaza el delirio, sino también la autoestima”, explicó Tabeira al recordar los primeros talleres. La posibilidad de crear con las propias manos, aprender un oficio y comprobar que se pueden alcanzar objetivos concretos fue, según relató, una parte fundamental de ese proceso.
De las primeras experiencias surgieron espacios de trabajo cada vez más amplios, donde la rehabilitación dejó de estar limitada al ámbito hospitalario para comenzar a proyectarse hacia la vida cotidiana.
DEL TALLER AL EMPLEO, DEL EMPLEO A LA VIVIENDA
Uno de los proyectos más significativos es una cooperativa de trabajo vinculada a un lavadero industrial que brinda servicios al hospital. Allí, los usuarios participan en tareas de lavado, clasificación, acondicionamiento y entrega de ropa, con responsabilidades compartidas y una remuneración por su trabajo.
La iniciativa nació, contó Tabeira, de la intención de demostrar que las personas con padecimientos de salud mental pueden desarrollar actividades laborales, asumir compromisos y construir autonomía cuando cuentan con los apoyos necesarios.
El funcionamiento exige organización, capacitación y una selección cuidadosa de los participantes, debido al uso de maquinaria y herramientas. El acompañamiento profesional también forma parte del proceso. “Nosotros los capacitamos para el mundo”, señaló la referente, al describir cómo los integrantes fueron aprendiendo a manejar los equipos y a asumir nuevas responsabilidades dentro de la cooperativa.

El objetivo no es únicamente generar una ocupación. También se busca que cada persona pueda desarrollar habilidades, participar en las decisiones y sostener un proyecto propio. Tabeira destacó que el trabajo colectivo permite que los integrantes se organicen y se apoyen entre sí para responder a las distintas necesidades de la vida diaria.
La propuesta se complementa con alternativas de vivienda. En el recorrido relatado durante el conversatorio aparecen una casa de medio camino, apartamentos destinados a usuarios que alcanzan mayores niveles de autonomía y un proyecto de cooperativa de viviendas.
Sobre esta última iniciativa, Tabeira adelantó que se proyectan 15 apartamentos: 11 para usuarios de salud mental y cuatro para personas allegadas al proyecto. La intención es seguir construyendo condiciones para que quienes están preparados puedan vivir en la comunidad, con independencia y acompañamiento cuando lo necesiten.
UNA NUEVA MIRADA SOBRE LA REHABILITACIÓN
La experiencia también se vincula con la situación de personas que llegan al Hospital Vilardebó por procesos judiciales y permanecen durante períodos prolongados en espacios de seguridad. Para ellas, el pasaje a alternativas residenciales y laborales requiere evaluaciones y autorizaciones correspondientes.
Tabeira contó que, mediante el trabajo sostenido y la coordinación con los equipos tratantes y la Justicia, algunos usuarios lograron avanzar hacia medidas menos restrictivas e integrarse a la comunidad. “Logramos que ese usuario que entró en malas condiciones, perdiendo todo su vínculo familiar y desarraigado de su pueblo, pueda tener un trabajo y una vivienda”, relató, al describir el sentido de estas iniciativas.
Para la referente, uno de los desafíos es superar la idea de que las personas con padecimientos de salud mental no pueden vivir fuera de una institución o incorporarse al mundo laboral. La experiencia, sostuvo, demuestra que la inclusión es posible cuando existe una red que acompañe los procesos.
En ese sentido, puso especial énfasis en el impacto que estas alternativas tienen para las familias, que pueden recuperar la tranquilidad al saber que sus seres queridos cuentan con un lugar donde vivir, una actividad laboral y apoyos para cuidar su salud.
“Para mí, lo más importante sería hacer cooperativas de trabajo y cooperativas de vivienda”, afirmó. Y planteó que el modelo pueda replicarse en otros centros del país, adaptándolo a las necesidades y posibilidades de cada lugar.



