La cooperativa lechera busca sostener su actividad en un escenario desafiante, con cambios en el consumo y la mirada puesta en el empleo local

La realidad de la cooperativa láctea Coleme vuelve a estar en el centro de la discusión, en medio de un contexto adverso para el sector y con la preocupación creciente por la competencia de productos provenientes de Brasil.

El asesor jurídico de la institución, Marcos González, explicó que la situación responde a múltiples factores, señalando que “la leche que entra desde Brasil es un tema real, sobre todo por costos, ya que es un producto que no requiere cadena de frío y tiene ventajas comerciales importantes”. En ese sentido, advirtió que se trata de una competencia difícil para la producción local, especialmente en zonas de frontera.

A esta situación se suma un cambio en los hábitos de consumo. González indicó que “el consumo de leche viene bajando a nivel mundial y en Uruguay se reduce en torno al 8% anual”, lo que impacta directamente en la industria. En el caso de Coleme, la caída ha sido significativa: de vender unos 20 mil litros diarios, hoy apenas supera el 20% de ese volumen.

La diversificación hacia productos como quesos no ha logrado revertir completamente el panorama. Si bien destacó que “los quesos tienen muy buena aceptación tanto dentro como fuera del departamento”, reconoció que no alcanzan para compensar la caída en la leche fresca, que históricamente fue el principal sostén de la cooperativa.



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En paralelo, la estructura productiva también se ha reducido. Actualmente, Coleme cuenta con unos 14 productores remitentes, lejos de los más de 50 que llegó a tener en otros años. Según explicó, esto responde a un fenómeno más amplio donde “muchos tambos han cerrado porque las nuevas generaciones no continúan con la actividad”.

La cooperativa atravesó además un proceso de reestructura que implicó la desvinculación de trabajadores. Sobre este punto, González sostuvo que “fue una decisión difícil pero necesaria para sostener la viabilidad”, agregando que permitió mantener una parte importante de los puestos laborales.

Desde el punto de vista financiero, la institución continúa en una situación delicada, aunque con algunos equilibrios logrados. “Se han cumplido obligaciones clave como salarios y proveedores, aunque existen atrasos puntuales, especialmente con productores”, detalló.

Otro de los desafíos está en la logística y distribución, donde se han recibido cuestionamientos por parte de consumidores. En ese aspecto, el asesor explicó que la leche fresca tiene particularidades propias y remarcó que “la cadena de frío es una responsabilidad compartida entre la empresa y los comercios”.

A pesar de las dificultades, la cooperativa mantiene expectativas de apoyo institucional. En los próximos días, autoridades del Ministerio de Industria visitarán la planta para evaluar su situación y analizar posibles alternativas de respaldo.

González subrayó que la continuidad de Coleme dependerá de decisiones estratégicas y del acompañamiento del entorno. “Hoy la clave pasa por modernizar la industria y buscar mercados fuera del departamento”, afirmó.

Finalmente, destacó el valor social de la cooperativa, señalando que “Coleme es mucho más que una empresa, es parte de la identidad local y del esfuerzo de trabajadores y productores que han sostenido la actividad durante décadas”.