Oriunda de Río Branco, culminó la carrera de Medicina después de una vida dedicada a la salud. Su historia de perseverancia emociona y se convirtió en un ejemplo de que nunca es tarde para cumplir un sueño.
La historia de Lidia Fernández, oriunda de Río Branco, recorre por estas horas todo el país. A los 65 años obtuvo el título de médica, coronando un camino que comenzó hace más de cuatro décadas, cuando ingresó como enfermera al Hospital Pereira Rossell y, casi al mismo tiempo, inició sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de la República.
El pasado 31 de julio completó su última guardia en el Hospital de Río Branco y, con ella, el último requisito para convertirse oficialmente en médica, un logro que rápidamente generó cientos de mensajes de felicitación y admiración.
Su recorrido no fue lineal. Cuando tenía poco más de 20 años comenzó la carrera universitaria, pero la llegada de su primer hijo la llevó a priorizar la crianza. “Cerré el libro y entendí que la facultad siempre iba a estar. Yo quería vivir plenamente la niñez de mi hijo”, recordó en una entrevista con Montevideo Portal.
Con el paso de los años también enfrentó la enfermedad de su padre, lo que volvió a postergar sus estudios. Sin embargo, nunca abandonó el objetivo de recibirse.
Durante ese extenso recorrido compartió clases con estudiantes de distintas generaciones. Mientras destaca el respeto y el apoyo de sus compañeros, reconoce que en ocasiones sintió cierta discriminación por parte de algunos docentes. “Me trataban de usted, como diciendo: ‘¿Qué está haciendo esta vieja acá?’“, comentó entre risas.
Además de desempeñarse durante 41 años como enfermera, Lidia desarrolló un consultorio dedicado a la estética, donde continuó capacitándose y trabajando mientras avanzaba lentamente en la carrera.
La emoción llegó al finalizar su última guardia en Río Branco. Esperaba encontrarse con un pequeño grupo de amigas, pero fue recibida por toda su familia y compañeros de trabajo, quienes la sorprendieron con carteles y una banda de egresada. “Lloré, lloré y lloré”, recordó.
Aunque todavía no tiene definido si ejercerá como médica, asegura que el esfuerzo valió la pena. Su historia deja un mensaje claro para quienes dudan en comenzar o retomar un proyecto: nunca es tarde para aprender, crecer y alcanzar una meta.
