Jorge López, trabajador de Coleme durante 32 años, fue quien cerró la portera de la cooperativa y relata cómo vivió las últimas horas de una empresa que marcó generaciones en Cerro Largo: “Nosotros la veíamos venir, pero igual nunca esperábamos este final”
El cierre definitivo de Coleme dejó imágenes que quedarán grabadas en la memoria de Melo. Una de ellas fue la de Jorge López, funcionario de la cooperativa durante 32 años, colocando el candado en la portera principal al finalizar el último turno de trabajo y marcando el final de una historia de más de nueve décadas.
López ingresó a la empresa con apenas 21 años y desarrolló toda su vida laboral dentro de la planta. Comenzó en el área de mantenimiento, llegó a desempeñarse como encargado del sector durante varios años y en el último tiempo también asumió responsabilidades en distribución.
Al recordar sus primeros tiempos en la cooperativa, señaló que las dificultades económicas no son nuevas. Contó que cuando ingresó, a comienzos de la década de 1990, la empresa atravesaba una situación compleja y que la vinculación posterior con Conaprole permitió vivir “la mejor época de Coleme”, cuando existía una fuerte producción y toda la mercadería tenía destino asegurado.
Aunque reconoce que el cierre no tomó por sorpresa a los trabajadores, admite que fue un golpe muy duro. “Nosotros la veíamos venir, pero igual nunca esperábamos que llegara este momento”, expresó. A su entender, la situación comenzó a deteriorarse definitivamente tras la separación con Conaprole, en un proceso que definió como una larga “muerte anunciada”.
El trabajador fue especialmente crítico con el rol desempeñado por productores y directivos. Consideró que durante años muchos remitentes se preocuparon únicamente por cobrar la leche entregada sin involucrarse en la realidad industrial de la cooperativa. “Siempre dijeron que eran los dueños, pero nunca actuaron como dueños”, sostuvo.
También cuestionó la actitud de la dirigencia tras la resolución de cierre. Según relató, Boris Revello fue quien concurrió a la planta para comunicar la decisión adoptada por la asamblea, pero después de eso no hubo más contactos. “Nadie dio la cara. Dejamos la planta en las mejores condiciones posibles y seguimos trabajando hasta el final para cumplir con la gente”, afirmó.
López recordó que los funcionarios continuaron entregando productos pendientes y organizaron los últimos despachos para evitar perjuicios a clientes y distribuidores. Incluso relató que recién en el momento de cerrar definitivamente la portera apareció un productor para recibir una de las llaves del establecimiento.
La incertidumbre ahora está centrada en el cobro de los créditos laborales. El exfuncionario explicó que inicialmente se les transmitió que existía un mecanismo que permitiría cobrar las indemnizaciones en pocos meses, pero posteriormente representantes del Ministerio de Trabajo les informaron que el proceso dependerá de un concurso y de las decisiones que adopte la sindicatura. “Lo único seguro que tenemos hoy es el seguro de desempleo”, señaló.
Para López, el final de Coleme responde a una suma de factores. Además de los problemas internos, mencionó la reducción de productores remitentes, la caída en los volúmenes de leche industrializados, la competencia de productos de origen brasilero y los cambios en los hábitos de consumo. “La gente ya no consume leche como antes y eso también fue influyendo”, reflexionó.
